BREATH: paradojas del corazón.
El último filme de Kim Ki-duk parece conectarse sutilmente con obras anteriores como “La isla”, “Mal tipo” e incluso “Hierro3” que con sus últimos filmes como “Time” o “El Arco”, sobre todo “Time” y esa intensa necesidad de explotar y expandir sus emociones que parece rebasarlos e innecesariamente justificarlos.
Aliento (Soom) se instala en ese melodrama mínimo de histeria sostenida y suspendida que se convierte en el atractivo de buena parte de su filmografía. Parejas que se desplazan entre silencios sostenidos y gritos ahogados, extraviados en una atmósfera tan preclara al mismo tiempo que enrarecida por su inmovilidad que se desplazan con frecuencias hacia esas zonas cartografiadas por Antonioni, pero en donde los personajes encarnaban los silencios de un Sastre, acá son imbuidos de una catástrofe interna que no posee parámetros culturales que nos permitan acceder a la vez que disponen de puertas de escape que la angustia europea no lograba percibir.
Como en muchos de sus filmes el núcleo asimila las normas del melodrama, en este caso la multiplicidad de triángulos, la forma original de la crisis amorosa se multiplica numerosas veces: Yeon es engañada por su esposo con una amante invisible para nosotros, que solo se nos hace presente por sus llamadas telefónicas y por su presencia off en la casa de Yeon. A su vez Yeon construye una extraña relación amorosa con Jin, quien está condenado a muerte por asesinar a su mujer e hija. Entre Jin y otro recluso se constituye una nueva relación que es tensionada por la presencia de Yeon, y a su vez la mirada de una cámara sobre la progresión amorosa de la pareja deviene en nuevo triangulo. Las tensiones proliferan, las palabras pierden su capacidad de significación en la medida que esa ausencia se transforma en una potenciación de sentidos. Lo no dicho, aquello que no se explicita, se encarna en enigma que en lugar de abortar el sentido del filme lo hace explotar en la multiplicidad del exceso significativo.
El ejercicio de seducción de Yeon combina una puesta y una performance, una simulación del paisaje vetado para el condenado como una reinvención de su personaje, vestuario y Karaoke, constituyen las estrategias de ruptura de la identidad. La celda de visitas es sometida a un constante ejercicio de trompe l’oeil , donde amante y amado se abandonan a la experiencia de la seducción límite, en donde los cuerpos impedidos a la vez que impelidos a ser tocados se instalan en la perfecta distancia de ser para el otro.
Como otros filmes de Kim Ki- duk, una cierta atmósfera enrarecida permite desplazar sutilmente a zonas fronterizas con lo fantasmático, sin cerrar nunca del todo esa rajadura en donde lo real entra a desbaratarse.



